Orígenes

Origenes

"Los orígenes de La Congregación de Hermanas Misioneras de Acción Parroquial son humildes y sencillos.

Recordamos la parábola del Evangelio sobre el grano de mostaza, la semilla pequeña se convirtió en un frondoso árbol. Algo así fue el inicio de la Congregación de Misioneras de Acción Parroquial, sencillo y humilde. Brotó dentro de un  marco histórico determinado, corría el año 1939, apenas terminada la guerra civil española. Fue aquel un tiempo intensamente vivido por los católicos, acuciados por la urgencia de hacer resurgir las parroquias, que habían quedado destruidas después de  tres años de constante devastación. Providencialmente comenzó a hacerse sentir con fuerza la Acción Católica Española.

 

Nos trasladamos ahora a un pueblo, Carbonero el Mayor, de la diócesis de Segovia (España), cuyo párroco, Don Bernardino Arribas, en pocos años de ministerio, logró transformar la vida del pueblo, principalmente porque fundó allí el Centro de la Juventud Femenina de Acción Católica, cuyas integrantes colaboran con él en las múltiples actividades del ministerio parroquial. De aquí brotará el primer grupo de jóvenes que darán inicio al nuevo Instituto Religioso.

 

La primera en lanzar la idea, de forma entusiasta, fue Genoveva Cuadrado. Era el día 13 de junio de 1939, al salir por la tarde de la Iglesia manifiesta a sus amigas lo que le estaba inquietando y que ahora veía como inspiración del Espíritu de Dios: “¿Porqué no podemos fundar nosotras una nueva Congregación Religiosa?...

 

Enseguida se pusieron en contacto con D. Bernardino a quien comunicaron su proyecto. Ellas deseaban consagrarse a Dios en la vida religiosa, sin renunciar a su participación en la vida y misión de la  parroquia. Él acogió con mucho interés la iniciativa, suyas son estas palabras: “Jamás se me ocurrió apagar la voz del Espíritu  y no sé por qué siempre alenté las ilusiones de aquellas jóvenes”.

 

Pronto D. Bernardino elaboró el primer proyecto de lo que podría ser el nuevo Instituto. La Congregación está pensada como una rama de la Juventud Femenina de la Acción Católica, pues lo común al grupo de jóvenes era el deseo de continuar en la Acción Católica, dentro de una total consagración a Dios.

 

El 7 de julio de ese mismo año, Don Bernardino visita al Obispo de la  Diócesis, D. Luciano Pérez Platero, para darle a conocer el proyecto, quien acogió con entusiasmo y gran interés aquella idea que, de manera tan imprevista, iba a dar respuesta a sus inquietudes y deseos. Efectivamente, algo semejante venía él acariciando, e intentaba realizar, pero las personas le habían fallado. Por eso, ante el proyecto que le presentaba D. Bernardino, asegurándole que en su parroquia de Carbonero el Mayor, había un grupo de jóvenes dispuestas a llevarlo a cabo, D. Luciano entendió que ahí estaba la acción de Dios manifestando su voluntad. El proyecto debía realizarse y él, personalmente,  estaba dispuesto a pedir a Roma los necesarios permisos. Casi tres años debieron transcurrir para que la nueva Congregación pudiera comenzar su andadura, meses largos de espera, oración, consultas y búsquedas realizadas por el Obispo.

En las preces que dirige a Roma para conseguir la autorización puede decir justamente: “La fundación de la nueva Congregación ha sido fruto de largas meditaciones e inspiración común del Obispo, de algunos párrocos y de las jóvenes fundadoras”.

 

Don Bernardino, por su parte, comprendiendo la importancia del proyecto, fue reuniendo una por una a las jóvenes que integraron el primer grupo, dando así unidad y consistencia a los ideales de aquellos corazones que ardían en deseos de un entrega total a Dios, haciendo de lazo de unión entre el grupo. Queda destacada la extraordinaria colaboración de Don Bernardino y de Genoveva Cuadrado en los inicios de la fundación, ya que cada uno, a su modo, hizo posible el nacimiento del nuevo Instituto.

 

Tras la inspiración y las primeras iniciativas, hay que pasar  al terreno de las realizaciones, Don Luciano se entrega de lleno a las tareas fundacionales del nuevo Instituto Religioso. Redacta las Constituciones en las que se establecen los fines de la nueva Congregación y el estilo de vida evangélica de las primeras Misioneras. El 7 de marzo de 1942, salen de Carbonero el Mayor, en dos carros prestados por sus familias, el primer grupo de jóvenes para encontrarse en Segovia e iniciar, así, su vida comunitaria, en un íntimo y emotivo acto religioso, presidido por Don Luciano, y en el marco de este espíritu: “Como Cristo nació en Belén, en silencio y desconocido de todos, así, también, nacía ahora una nueva Congregación en la Iglesia, en silencio y desconocida, pero llamada a propagas la gloria de Dios”. A partir de ahora el Obispo se dedicó a la tarea de la formación de las primeras Misioneras.

 

Pronto se sumaron al primer grupo otras jóvenes deseosas de consagrarse a Dios en la vida religiosa y al servicio de las parroquias. Las jóvenes fundadoras hicieron su profesión el día 15 de octubre de 1944, fiesta de Santa Teresa de Jesús. Por especial concesión de la Santa Sede, esta primera profesión sería la perpetua. Así se podía constituir el primer Gobierno General. Genoveva Cuadrado, con el nombre de Inmaculada del Santísimo Sacramento, es designada Hermana Mayor y, posteriormente, Superiora General, cargo que ocupará durante diecisiete años.

 

El nuevo Instituto crecerá y, a través de los años se hará presente en varias diócesis de España, en Brasil, Alemania, Angola, Venezuela, Chile, México y Mozambique, con la misión de extender el Reino, especialmente, en lugares de más pobreza y necesidad de evangelizadores.